Pablo Azócar entrevistado por Javier García en La Nación Domingo
Por Javier García / La Nación Domingo
Pablo Azócar regresa con su primer libro de poesía tras 10 años sin publicar
“Siempre fui un poeta oculto”
Escribió “El placer de los demás” en veinte días. Ovidio, Chandler, Onetti y Bobby Fischer se pasean en versos con música de jazz. Aquí, Azócar cita los poemas como “esas cacas redondas de conejo”, y recuerda a su yunta, Armando Rubio, muerto a los 25 años, del que hoy se reedita “Ciudadano".
Un dandy distraído camina a las once de la mañana por Pedro de Valdivia con abrigo, el pelo cano desordenado y con una mirada que parece estar esquivando el viento.
Una carpeta con papeles bajo el brazo a punto de desparramarse en la acera. Camina rápido como si fuese perseguido por una turba de mujeres que quieren robarle algún recuerdo.
Entra a un café. Pablo Azócar hablará de su último libro "El placer de los demás" (Editorial Cuarto Propio) salido a librerías el jueves pasado. Pide un cortado y no dejará de mirar a su alrededor, inquieto como el "Loco" Bielsa al borde de la cancha.
Azócar está de regreso. Hace diez años que no publicaba. Su primera novela, "Natalia", lo convirtió en escritor de culto, luego vendrían, y con aplausos, la segunda novela "El señor que aparece de espaldas", y los cuentos "Vivir no es nada nuevo".
El año pasado, y en veinte días, escribió "El placer de los demás", compuesto de 15 poemas, donde el jazz, Horacio, Ovidio, Chandler, Onetti, Bobby Fischer, además de Luisa, Bárbara y Antonia, se pasean de lo lindo en cuentos que parecen poemas, en versos que noquean el silencio.
-Te salió, al parecer, rápido el libro. ¿O no?
-Funcioné a través de golpes eléctricos. Días enteros en los cuales el encefalograma está plano, y como mucho debes ceñirte a trabajos de corrección o de lectura. Pero hay otros días en los que algo ocurre con la sinapsis y descubres que sí puedes tocar el piano y las palabras aparecen en la pantalla. Exagero, pero el mecanismo de los poemas es el de esas cacas redondas de conejo. Puedes pasarte 48 horas tecleando (aunque después debas quedarte dos días sin salir de la cama). Te despiertas, y el escritorio se ha llenado de cacas de conejos.
BOLAÑO & PARRA
Estudió Periodismo y ha trabajado en diversos medios de comunicación. Nació hace 50 años en San Fernando y de su primer libro de poemas asegura: "Siempre fui un poeta oculto. Nunca he estado lejos de la poesía. Discrepo de los poetas que no leen narrativa, y de los narradores que no leen poesía".
Y, coincidentemente, la semana pasada también se publicó la reedición de "Ciudadano", de Armando Rubio Huidobro por Tajamar Editores. Poeta fallecido a los 25 años en 1980, quien fue amigo de Azócar.
"Es algo mágico. La diferencia con estas publicaciones, es que antes él era el hermano mayor y ahora yo lo soy. Era un tipo que sabía más que todos nosotros cuando teníamos con suerte veinte años. Armando me hizo leer a Miguel Hernández y a Cesare Pavese. Eran tiempos donde la literatura no tenía nada que ver con el mercado. No como ahora que los escritores sólo hablan de agentes y contratos. Hay una inocencia básica que se ha perdido".
La obra de Azócar fue destacada, en su momento, por Roberto Bolaño y Nicanor Parra, y dice sacando carcajadas. "Bolaño es el monstruo que fue habiendo disparado a quemarropas. Quedaron todos con la boca abierta, mientras él todavía se ríe, como Parra lo hace en Las Cruces, pero ¡vamos a tener que matarlo alguna vez! ¡Siempre hay que matar al padre!".
-¿Y cómo ves el "panorama poético" actual?
-Celebro que este país todavía esté lleno de poetas, de todas las cataduras y pelajes. Experiencias editoriales como La Calabaza del Diablo, Tácitas, Plagio o Metales Pesados sugieren que se están abriendo espacios de recambio muy contundentes.